En Agosto, disponiendo de mucho más tiempo, procuro atender a asuntos pendientes que durante la vorágine del curso se vuelven una contrarreloj.
Por un lado, laboralmente ordeno expedientes, carpetas, paso algunos apuntes a limpio y fichas de datos, organizo, planifico…
Socialmente, intento mensajear y quedar con amigxs, para compartir y ponernos al día.
En pareja, aprovechamos para hacer senderismo, conversar sin prisa, ir al cine, salir fuera, tomar algo…
Personalmente, intento cuidarme, hacer ejercicio, leer, escribir, escuchar música, meditar.
También atender a tareas y asuntos domésticos postergados, como esta mañana, que por fin me he ocupado del lavabo que no tragaba. Mientras lo abordaba, he recordado la frase de Juanjo Albert: “Lxs psicólogxs somos fontanerxs”. Me encanta, porque siento que mi función consiste principalmente en desatascar, en deshacer nudos. Primero, poner luz y conciencia a lo que no se está pudiendo ver, a las dinámicas dañinas. Esto implica que salga suciedad y “mierda”. Señalar estas dinámicas y enfocarlas, nos ayuda a entender para que están ahí y que función están cumpliendo.
Una vez localizado el tapón y lo que lo mantiene, toca tomar decisiones, para que todo fluya un poco mejor. La decisión también conviene llevarla a la acción, porque solo así facilitamos que la energía cambie. Este paso a veces paraliza, porque los cambios dan miedo.
Cuando atendemos a pequeños o grandes atascos o bloqueos, estamos ocupándonos de lo pendiente, de lo inconcluso. Y es que, a veces, solo hace falta que empiece a correr un poco mejor el agua, para que facilite la limpieza más profunda. Cerrar asuntos genera satisfacción, liviandad y liberación.